jueves, enero 03, 2008

De fuego.

El día se aproxima hacia mi a través de la ventana abierta, y el frió hostil me despierta aun somnoliento y aturdido, las botellas vacías esparcidas al lado de la cama son la estela de una noche llenas de confesiones. Casi no percibo ruidos afuera, todo esta muy callado, muy tranquilo. Una leve sequedad en la boca me da deseos de beber agua fría y darme una ducha interminable. Es sábado en la mañana. Nada que hacer la verdad, solo esperar a que el maldito teléfono suene una media hora mas tarde. Me dan ganas de comprar el periódico para leer el suplemento de literatura por si hay algo bueno, pero no recuerdo si sale hoy o mañana, hace bastante que no lo compro. Miro los estantes con libros y miro el libro que esta a medio leer sobre la radio en el velador junto a mi cama. Me doy cuenta que no he podido acabar ningún libro desde que termine a sangre fría de Capote. Un talento abismante. Pienso si algún día podré llegar a esa altura, pero últimamente mi fe en las palabras y en mi capacidad como narrador ha menguado a un nivel irrisorio. Antes sentía que las palabras me bombardeaban el cerebro con imágenes e ideas y terminaba por creer que podría hacer algo. Caminaba con aires de grandeza, sintiéndome especial, tocado por el don divino. Aunque aun, debo admitir, camino con la mirada altiva y con lo puños en alto, esperando el próximo asalto. Aunque sea derribado en el primero. Mi pequeña fe aun parece persistir. El fuego aun no se ha extinguido del todo.