domingo, julio 22, 2007

Confesiones escupidas en el metro.

Aun resuenan tus palabras en mi cabeza después de la ultima llamada, tu voz adormilada, entristecida, se apodera de mis pensamientos confusos. Nada a esta altura parece estar sucediendo como alguna vez esperamos. Se que te has hastiado de mi y de todas las estupideces que comúnmente hablo. Nunca he querido que esto se acabe, que deje de girar, que deje de fluir. Pero en ocasiones tú crees que seria mejor lo contrario, detener todo esto y permitir que las cosas sigan en su habitual desenlace. Pero me niego a sufrir, me niego a pensar en un futuro inevitable, por lo menos por ahora, que he logrado estabilizar en parte, mis sentimientos de hostilidad hacia el mundo.

La música que más me gusta siempre ha sonado a nostalgia, a momentos nunca vividos, a sueños destrozados. Son esos sonidos los que me emocionan, los que me hacen vibrar. Y cuando camino por las calles o viajo en el metro, trato de sentir cada nota que resuena en mis oídos y que he hecho rodar voluntariamente en mi reproductor de música, que es en parte o mejor dicho, mi propia rutina de sanidad personal, algo que posteriormente quiero dejar plasmado en un libro de autoayuda con el titulo de “Las diez maneras de desentenderme de la realidad y rozar con el codo la felicidad.”

Y la tristeza viene siendo en mí un sentimiento recurrente que toma fuerza cada vez que me siento a mirar el vacio. Últimamente no he tenido tiempo para estar triste será porque no me he dado el espacio suficiente para mirar el vacio que viene siendo mi propio interior.

Ha vuelto nuevamente a mí, esta mañana, de camino al claustrofóbico encierro diario, esa sensación de pena avasalladora. Mientras iba sentado en el metro con la mirada distraída y ensimismada, los ojos se me llenaron de lágrimas y una pena existencial me golpeo sin más. Volví a la habitual sensación, conteniendo las lágrimas que esta vez querían salir sin un motivo aparente. Pensé que no volvería suceder, por lo menos por un tiempo, pero de todas formas surgió inesperadamente desde donde se había ocultado una pequeña temporada lejos de mí.