viernes, marzo 30, 2007

No preguntes al polvo.

El polvo esta suspendido en el lugar, a diferencia de ti, que yaces casi imperceptible sobre el sofá, este se ha apoderado de todo, incluso de los rayos del sol que se cuelan por la cortina. El ambiente es grato en gran medida, pero me siento demasiado apenado y desdichado como para sentirme cómodo. Miro fijamente la pared como un maldito estúpido. Las lagrimas están a punto de brotar pero me contengo como un cobarde que no puede sobrellevar sus propios sentimientos. Escucho como el día interfiere con sus sonidos nuestra distraída presencia. Me miras y pareces no notar casi nada, salvo mi habitual indiferencia ante todo.