miércoles, agosto 02, 2006

Saturado de visiones estúpidas.


Los miraba desde atrás la mayoría de las veces. Ultimo banco. Todo parecía tan irreal. Las palabras del profesor no me estimulaban, mas bien me aburrían. Las paredes blancas me aburrían menos y me entregaban más. Me molestaba todo. Creía que perdía el tiempo. La verdad es que eso lo hago siempre, pero esa no era especialmente una forma agradable de hacerlo. Más que un placer era una tortura. Aunque creía sin darle lugar a la duda, de que para ellos todo eso no significa lo mismo. Hablaba con muy pocos. Estaba completamente seguro que los demás no podrían entenderme. Eran demasiado comunes. Completamente ajenos a mí. Los había expulsados de mi paraíso, para nunca mas dejarlos volver.

Una de las cosas que recuerdo con más claridad y desagrado, era cuando el profesor nos daba la lata por más de 30 minutos con uno de sus temas, no faltaba que alguien preguntara exactamente lo mismo que él nos había estado explicando hace unos momentos. Era enfermante, y sucedía con mucha regularidad, para no decir que eran casi todos los días en casi todas las clases. No lo podía creer. Querían parecer motivados, aplicados e inteligentes. Yo sabía que todo eso no era más que una maldita farsa. Solía y aún suelo pensar que la mayoría de ellos eran muy estúpidos. Querían demostrar algo, sentirse superiores, sabía como una certeza inequívoca que no lo eran. Eran tipos despreciables, idiotas en el mejor de los casos. Ni siquiera los miraba, no existían para mí. Y mientras hacían sus preguntas queriendo parecer lo que no eran, me retorcía en mi asiento, preguntándome por lo estúpidos que eran y si se daban cuenta de lo que hacían. En algún lugar había leído o tal vez escuchado, la verdad es que no lo recuerdo muy bien, que es mejor estar callado y parecer estúpido que hablar y dejarlo de manifiesto. Tomaba esto como parte de mi filosofía. Optaba por el prejuicio, lo sé. A la mierda con todos ellos. Y lo peor de toda esta situación, desquiciante por lo demás, al menos para mí, era que los profesores en su gran mayoría deseaban eso. Alentaban estos hechos poniéndoles el apelativo de “participación en clase”. Repugnante. Quizás a ellos les interesase volver a repetir todo de nuevo, solo para alimentar sus enormes egos. Si la primera vez con suerte prestaba atención, te aseguro que la segunda y tal vez hasta la tercera angustiante repetición, ni siquiera la escuchaba. Garabateaba las hojas de mis cuadernos con palabras y dibujos llenos de rabia e impotencia. No quería estar allí. De todas formas me las arreglaba para estar lo menos posible en clases, era una forma de perder el tiempo de la cual no me quería hacer cargo. Y pensé en ellos, en la gente común, sabia que ellos creían ciegamente en lo que hacían sin cuestionarse absolutamente nada, te digo que yo incluso dudo de lo que estoy haciendo ahora.

1 Comments:

Blogger lagave said...

Caray!!! Es ahora cuando me siento así, y no precisamente como alumna. en la escuela siempre fui bicho raro, señalada y marginada, pero no me daba cuenta de la diferencia.
Es ahora cuando me siento mal. Tengo la sensación de hablar otro idioma, de ir a más velocidad, de volver cuando ellos van. Y de que pierdo el tiempo, y de que para qué relacionarme con esa gente...¿Para sentirme en el grupo?¿Para sentir que no me entienden ni les importa y que resulto chocante?
Además, hablo bajito y no me oyen, y no pienso subir mi tono de voz...
A veces, I'am a rock, i'am an island. Qué se le va a hacer! A veces, a las islas llegan nuevas formas de vida. Incluso hay islas que forman archipiélagos, compartiendo características y tal... Efectivamente, puedo ser una isla desconocida hasta para mí misma.Pero me siento.Otros, obvian tal cosa.

9:05 a. m.  

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