domingo, agosto 20, 2006

Patéticas sonrisas.




Todos reían, incluso yo. Y medite sobre esto aun con la sonrisa dibujaba en mi cara. Sabía que no era sincero. Sabía que esas carcajadas rebotaban irremisiblemente en el vació de mi alma. Me sentía falso. No había forma de entretenerme. El lugar estaba lleno personas. Por lo general prefiero grupos pequeños y otras instancias. No se lidiar con grandes grupos. No se enfrentarme a su simpleza. No podía asimilar su alegría con mi forma amarga de concebir la vida. No me sentía afín. En torno a la mesa cantaban viejas canciones y hacían bromas que se repetían hasta el cansancio. La primera vez me producía una pequeña sonrisa pero después debía forzar demasiado los músculos de la cara en una mueca de alegría, que me parecía más bien patética. En algunas ocasiones me gustaría no ser tan grave, ser un poco más simple, pero no puedo. Aunque lo intente, aunque recé tres ave Maria, seis padres nuestros, aunque le de un beso en el culo al padre Pío y pague indulgencias, no habría forma, lo sé. Intentaba parecer normal, tratar al menos de encajar un poco. Aunque la verdad solo quería escapar, pero no podía. Intente pensar en lo que escribiría mas tarde, idee un par de cosas, necesitaba alimentarme de tristeza y de amargura, saciarme de todo lo que me daña y a través de la desgarradura producir arte, aunque solo sea de baja calidad, no me importa, simplemente algo que me permita salir de esta monotonía y alzar el inconformismo como bandera de mi lucha perdida antes de empezar. Mientras estos pensamientos irrumpían, me sentía libre. La noche pasaba lenta. Y yo seguía allí sin poder sentirme cómodo