miércoles, mayo 24, 2006

Ampolletas quemadas en un cuarto con humo.


En lugar estaba lleno de humo. Las paredes eran de un color verde oscuro y estaban algo rayadas. Había varias ampolletas quemadas, que no eran cambiadas nunca. La oscuridad era dueña del lugar o al menos tenia una puesto de preponderancia. Las mesas estaban esparcidas por todos lados y estaba todo atiborrado de gente, el lugar constaba con un segundo piso al cual se accedía mediante una escalera bastante incomoda a la hora de subir, pero dificultosamente imposible cuando uno se disponía a bajar con unos cuantos tragos encima. La música sonaba estridente y hacia que nosotros habláramos en voz alta, casi no nos escuchábamos. Fumábamos cigarrillos mientras hablábamos de temas variados y las botellas de cervezas se iban vaciando muy rápido. En aquel lugar el día parecía noche, afuera todo seguía en su ritmo habitual, nosotros nos refugiábamos de lo cotidiano en la humedad del lugar, que nos parecía como un santuario, nosotros no éramos nosotros mismos sino la esencia nuestra se paseaba por ahí, tratando de inhalar el espíritu que se había desintegrado en nuestras vidas. El ruido ambiental embestía nuestros oídos con fuerza, se hacia imposible oír las conversaciones de las mesas cercanas, aunque de mucho probablemente no nos perdíamos. Celebrábamos la vida con cerveza barata, con monedas que se extinguían a la velocidad de la luz, en nuestro universo que en vez de expandirse se contraía en sueños de introspección. El alcohol seguía viniendo y depositándose en nuestras venas y causando estragos en nuestras mentes. Habríamos las botellas y luego se acababan. No faltaba la ocasión en que algunos entraban al local con botellas, a pesar de que en la entrada en algunas oportunidades revisaban las mochilas para que el negocio no se fuera a pique. Esta vez les había tocado ser descubiertos a los chicos de la mesa contigua, una caja de vino fue decomisada por la dueña del sucucho a razón de que consumieran el alcohol que vendían en el lugar, pero ellos prefirieron irse y seguir dándole al vino de caja en alguna plaza cercana. En eso, mientras veíamos descender del olimpo expulsados como cual demonios desde este cielo de perdición, a los tipos del vino, alguien en la planta baja había puesto en el Juke Box a The Verve y la canción era”The Drugs Don’t Work” y comenzó la voz de Ashcroft a cantar “All this talk of getting old It's getting me down my love” Y todos en el lugar bajaron el tono de sus voces por unos segundos mientras la canción comenzó. Y recordé cuantas tardes había aporreado mi guitarra semi acústica con esa canción, hasta la iba cantando con una espontánea traducción “Todo este hablar de crecer me esta deprimiendo mi amor” y así seguía con toda la letra, aplicando los melancólicos acordes y haciendo una mala imitación de interprete de segunda. Pero me divertía. Y eso esta bien. Quitarle unos momentos de ocio a la mandíbula de la muerte no es algo tan malo. A esas horas ya había bebido demasiado y a diferencia de los que son mas tímidos y que al beber sus personalidades parecen cambiar, y pasan de ser los mas callados a ser las almas de la fiestas, a mi por lo general me sucedía todo lo contrario, mi personalidad retraída se veía exacerbada, y me quedaba extático mirando las paredes, pensando mil cosas, como imbuido en una nebulosa, mientras el letargo que el alcohol me producía hacia que me sintiera bien, no había problema que me afectara en esos momentos. Después cuando el dinero y la bebida y casi todos los cigarrillos se acababan, nos marchábamos. Me gustaba salir solo de ahí, y caminar en mí sublime estado etílico mientras la llovizna se hacia propietaria de las calles, me sentía bien. Tome el metro hasta el final de la estación, y después la micro que me dejaría a algunas cuadras de mi casa. Me apee, y encendí el ultimo cigarrillo que había sobrevivido, sentía una ardor bastante molesto en la boca del estomago, camine hacia mi casa con paso firme, solo con mis pensamientos.

martes, mayo 23, 2006

Paredes grises manchadas de lamento



Solo veo paredes, lo se.
La verdad es que dar un paso
fuera de mi casa me pone
enfermo. Me deprimo viendo a
la gente pasear por ahí.
No soporto imaginar que no
entienden nada, que soy el
único que al menos cree,
como dice Cioran,
ver algo más allá que los otros.
Y en la soledad de mis noches.
Mientras el silencio se filtra
como la luz por la rendija
de la puerta
las sombras explotan en la pared
formando los cuadros
que me inspiran,
pesadillas que hacen
tambalear mi universo.
Afuera los perros aúllan
resquebrajando la monotonía
y yo solo veo paredes.
Enclaustrado en mi santuario
necesito vaciar mi alma,
desintoxicarme de lo banal,
desentenderme de la realidad
que me aqueja.
De lo que me acongoja,
solo tengo unas páginas
en mi libreta
la cual lleno de garabatos
de insomnio y vacío.
Aunque el sueño arremete
con furia y
tengo miedo de cerrar los ojos
y dejar pasar las horas
que se extravían en la muerte.
Soy un inadaptado,
un anarco,
un ilusorio espejismo persistente
de soledades infranqueables,
tengo manchado el alma
de odio hacia el ser humano
en su expresión mas común,
lo genios
de la venganza y la envidia.
No puedo poner mi otra mejilla
con esta lanza en el costado.

martes, mayo 16, 2006

Ideas Distantes.

FOTO: Charles Bukowski

Estoy viendo unas fotos de Bukowski en la Internet. Afuera la lluvia golpea incansablemente el techo. Tengo ganas de ir a dormir. Reviso mi correo, y nadie me ha escrito. Solo recibo Spam. Bueno, peor seria no recibir nada. O quizás mejor, no lo se, ni me importa. Pienso en algún tema sobre el cual escribir, pero nada se me ocurre. Me siento demasiado apenado. Continúo mirando fotos del maestro. Y decido meterme en el Google a buscar unos poemas de él. Me siento nostálgico y triste por no haberlo conocido en persona. Por sentir que alguien en este mundo me hubiera podido entender, pero él ya no esta, como algún día no estará nadie de los que quiero. Incluso yo, aunque me cueste imaginarlo. Pienso en los Beatnick, casi todos muertos, que tristeza. Todos mis amigos están bajo tierra. Me siento tan solo. No se por que no logro encajar en el mundo. Arrastro tanta pena que puede decirse sin motivo, pero para mi es tan real, tan tangible, tan corpórea que me duele, que me aprisiona el pecho. No tengo tema que escribir, pero recuerdo que el no tener tema para escribir, y escribir de todas formas de algo, esta ya muy trillado, lector imaginario, te pido disculpas, trataré de no hacerlo, de ni siquiera pensarlo, cosa de no levantarte sospechas, ni causarte molestias. Tengo ganas de echarme a llorar, tengo ganas que las lágrimas moldeen mi alma como la erosión del viento y las aguas forman el contorno de las montañas. De nuevo la lluvia tamborilea sobre mi cabeza. Y hoy las ideas están distantes, ¿quizás donde han ido a parar?, tal vez a la mente de otro más inspirado, lo que es yo, ahora olvidé la definición de esa palabra. Trato de concentrarme y lo único que visualizo, es la hoja blanca en el procesador de texto.

viernes, mayo 12, 2006

Entre la erosión y los nudos


Para mi, el viento, es el que siempre me ha traído los recuerdos, es dueño de mi nostalgia, es el que ha formado este “vació que camina", “esta interrogante en el" pacifico, este hermano de soledades. No te evapores en los acantilados de los sueños, utopías de tristeza inmanente. Recuerda lo que ya ha muerto, horas, minutos y segundos, que ruegan olvido desde su lecho convaleciente, muchas veces he desfallecido en el intento tratando de atar cabos sueltos y soltando nudos de amargura a mi alma. Busco tierra firme que descubrir o quizá cielos, o tal vez universos, ahora que todo se confunde y se mezcla con la niebla de la maldita mañana.


Respuesta al poema "A la sombra del viento". De Ducados.


lunes, mayo 08, 2006

Sueños incinerados.


Cuando el silencio arrasa mi introspección, mientras suspiro por la nada, mientras observo mi vida contra la pálida mañana que se ensaña interminablemente contra mi oscuridad, la que viene a tientas y por la noche se mete a mi cama entre gritos y desesperación, entre parálisis y sueños en los que mi cerebro vomita arena, desperdicios y alusiones a lo negro de mi iconoclasta visión, camino por la avenida desolada de los que han comprendido el sin sentido de la vida, embistiendo con los puños los sueños de los que aun creen, riéndome amargamente de mi desilusión.