lunes, febrero 27, 2006

Dolores baratos de amaneceres con resaca.

La gente caminaba de un lado a otro, mientras el viento estremecía las hojas de los árboles, el clima estaba muy agradable, me sentía bien, hacia mucho que no me sentía así, a falta del mar siempre había pensado que el viento y los árboles eran lo mas cercano a la tranquilidad y armonía que este me transmitía, aunque la paz que recibía era superficial obviamente, esta era muy bienvenida y muy agradecida por mi alma atormentada. Esto hacia que mis pensamientos se volvieran serenos, algo poco común para mi.

Me encontraba en el bandejon central de la calle principal, los autos y autobuses iban y venían en gran cantidad expulsando humos tóxicos a granel por los tubos de escape de las maquinas, un paisaje contrastante con lo que yo percibía desde la banca donde estaba sentado. Pero de todas formas valía la pena estar ahí un rato, mientras hacia tiempo antes de tener que volver al trabajo. Un tipo muy bien vestido se sentó a mi lado, notaba que quería conversar con alguien por un rato, yo no era el indicado, no era del todo bueno hablando con la gente, no era que me molestaran, al menos en aquellas situación en la que me encontraba, relajado, tranquilo, somnoliento y alegre, aunque siempre me sentía tan incomodo, no sabia realmente como actuar, que decir, es probable que tal mal no lo hiciera, quizás seguir la conversación no me era del todo dificultoso, pero si sobremanera el hecho de tener que conversar de temas que me dieran lata, que no me importaran en los absoluto , por lo tanto prefería evadirlo, desentenderme de tales situaciones, sentía que al hablar con la gente común mucha de mi alma era absorbida por ellos, yo no quería actuar de manera cínica, por lo tanto, nada de conversaciones que no me interesaran, ya tenia suficiente con tener que rebajarme para parecer normal, para parecer un hombre común, no levantando sospechas en mi trabajo con respecto a mis sintomatología propia de mi genialidad.

A lo lejos veo un vagabundo que antes había visto andar por ahí, caminaba lenta y pausadamente, sus pies estaban heridos con unas llagas tremendas, amarillentas de tanta pus, llevaba en su rostro el dolor de cristo, pero nadie lo miraba, todos parecían tan indiferentes a aquella hora de la tarde, tan metidos dentro de sus limitadas vidas, incluso yo, lo observe detenidamente pero como si no lo hiciese, ya que no quería que se incomodara, no quería en lo absoluto que se sintiera mas mal de lo que se sentía, mire su enmarañado pelo y sus ropas viejas y gastadas que parecían no haber sido cambiadas por años, su piel estaba curtida por el sol, su manos rotas de frió y el semblante mas agónico, desesperado y triste que jamás había visto, y recordé a Bukowski en el poema que relata sobre la pensión donde dormían los desposeídos y de verdad era muy buena la pregunta que se hacia al final, “ y pensar que todos esos hombres fueron niños, que les ha pasado y que me ha pasado a mi?” eso termino de desgarrar mi corazón y casi las lagrimas salieron expulsadas como las malditas cataratas de niagara y me aguante apretando todos los músculos de mí cuerpo, un nudo me abrazo la garganta y no pude seguir viendo mas, no quise sentir me un maldito hijo de puta por no tener la calidad humana para abrazarlo y decirle que me gustaría ayudarlo de alguna manera pero no sabia como, que mis capacidades de interacción humana eran limitadísimas, que sentía tan profundamente su dolor pero mi escasa capacidad de actuar, mi escasa capacidad de poder levantar el trasero de donde estoy sentado me lo impedían, siempre pensando, nunca actuando, yo no era muy diferentes de los malditos a los que despreciaba.

Y recordé que hacia algunas semanas había visto a aquel hombre sentado en la entrada del metro, nadie, pero nadie entregaba ni siquiera una mísera moneda, yo llevaba unas cuantas en mi bolsillo derecho las cuales se estrellaban con mi celular ultimo modelo, no me atreví a tomar las monedas y depositarlas en sus gastada manos de dolor y me sentí mal, a todo esto el pobre lloraba desconsoladamente como si en sus lagrimas quisiera expulsar penas de años y quizá la pena mas reciente también, que era la de no poder comer nada a esas horas en donde casi todos habían por lo menos saciado su hambre, y me recrimine a mi mismo, como podía ser tan vergonzoso que en un acto de humanidad tan simple y fácil, no podía atreverme a hacer nada, me sentí enfermo y no tan diferente de los otros imbéciles que pululaban por el lugar.

Y me levante de un salto y camine en dirección contraria, sentí, como si miles de ojos me miraban y me echaron en cara mi falta total de cojones, quizás solo el necesitaba una mirada, un abrazo, una simple conversación, y enrojecí de vergüenza al notar que todas mis dudas, frustraciones, dolores baratos de amaneceres con resaca, ni siquiera asemejaban en nada a la vida de mierda que el tenia, me quejaba de lleno. De ser un imbécil sin fuerza de voluntad y personalidad para aceptar el día a día y las cosas como son, yo me quejaba, me quejaba, y me quejaba, todo el tiempo, todo parecía tan amargo para mi, siempre encerrado en mi pensamientos carente de total acción e interacción ya que soy un solitario declarado y convicto de mis propios prejuicios, me quejaba de mi muerte continua debido a la banalidad de lo cotidiano, pero no actuaba, soy un maldito cobarde.

Camine con la mirada fija en el piso sintiéndome avergonzado por mi actitud o por la falta de esta, el sol atravesaba los espacios libres entre las ramas y hojas y formaban grandes figuras abstractas en el suelo, las observe detenidamente por largo rato mientras continuaba con mi camino directo al infierno, el que duraba todos los días de 8:00 a 18:00.

No se que realmente le habrá sucedido a aquel vagabundo, pero hace meses no lo veo rondar por esos lugares, nuca supe ni sabré jamas, que llevo a este hombre a la total derrota, a la total desesperación, pienso, en las tardes durante las cuales mato el tiempo leyendo sentado en la misma banca de siempre, que a veces creía, una idea loca por lo demás, que era la misma que él utilizaba de lecho para sus adoloridos huesos, que probablemente ninguno de nosotros quiere ver tan desagradable situación, es un pena que las personas sean degradas de tal manera, en gobiernos que se tildan de sociales, en lugares donde la gente se tilda de humanos y solidarios, todo es nada mas que una simple careta para disfrazar nuestro poco interés en los demás, en los que sufren, en los sin voz, de los que yacen bajos puentes y en bancos de plaza noche tras noche, con demasiadas carencia como para sentirse libres. Lo único que espero es que este un poco mejor, donde quiera que sea que el este, ahora que las noches son frías y las nubes destilan tristeza, el alcohol de los melancólicos como yo.

martes, febrero 21, 2006

Tanteando en la oscuridad.

Apague el televisor. Bostece con la mirada un tanto agotada, mis ojos últimamente no estaban del todo bien, me costaba una infinidad poder leer las letras de los programas y películas que veía en la televisión, pensé que debería ir al oftalmólogo. A esas horas todos en mi casa parecían estar durmiendo, sólo oía a lo lejos un ronquido largo e inconstante que hacia literalmente estremecer las paredes, no podía distinguir si provenía de la pieza de mis padres o era mi hermano, que pensé se había quedado dormido viendo televisión en el living. Comencé a estirarme y a pensar en lo que debería hacer mañana, que maldita desesperación sentí, no quería otras cosa mas en el mundo, que el tiempo se detuviera, quería huir de toda obligación con mi familia, conmigo mismo, y con la maldita sociedad, y recordé, y mas bien resonó como un vaso estrellándose contra el suelo, aquella canción de ALICE IN CHAINS, las imágenes saltaron hacia mi como si todo estuviera ocurriendo ahí mismo delante de mi presencia, como si esa condenada canción estuviera siendo interpretada frente a mi, con esa voz desgarrada y pidiendo piedad a un mundo impiadoso, gritaba Layne Staley con la garganta desgarrada frente de un escenerario atiborrado de chicos con poleras negras, su voz sonaba como yo me sentía, el sol no brillaba y la luna tenia un segundo plano al igual que las estrellas, solo el viento parecía ser real, y sentía como este me impulsaba al abismo de mi propia desesperación. Y gritaba Layne de las entrañas, en una frase agobiante “Tu no entiendes quien de ellos se supone que debo ser???? Mírame ahora, soy un hombre que no se deja ser”. Esa canción de alguna u otra forma tiene mucho significado para mi, me sentía cayendo en un agujero, en un abismo del que no podía huir, la futilidad de la vida me consumía ,bien, es cierto que al todo el mundo le sucede, pero en mi parecía tener unos efectos devastadores, parecía que yo la podía percibir de manera mas intensa, sufro de hipersensibilidad, delirios de grandeza y torpeza con las manos, era el esclavo de mi propia conciencia, las palabras me perseguían calle abajo como en un rió de locura, y acepte mi falta de agallas para poder desembarazarme de todo lo que me acongojaba, de todo lo que me impulsaba ad portas de la locura total, mi frágil mente parecía que no podría mantenerse en un equilibrio constante y estaría pronta a pasar por una descompensación de lo que no sabría si podría salir victorioso, ahora mas confundido y con un cansancio inconmensurable, pretendí no seguir dándole vueltas a mi situación y seguir aceptando las cosas como vinieran. Mire las sombras en la pared que figuraban y asemejaban monstruos sacados del mismo infierno, la verdad es que no sentí miedo en lo absoluto, y los mire detenidamente pensando en que no podían hacerme nada , afuera los perros ladraban y una fiesta a lo lejos se hacia escuchar, los gritos de las personas podían oírse como si yo mismo estuviera participando de esta, la música era horrible, y me maldije por no tener algo que beber, algo que me permitiera poder adormecer mis sentidos por un tiempo para no seguir escuchando semejante barbaridad, un martirio, un disparo en la sien a la música con alma, de pronto, el sueño me comenzó a invadir, mientras aquella “música” aun resonaba trágica e intranquila, estridentemente banal, y me estire por ultima vez, y me sentí un poco mas tranquilo, lentamente comencé a perder la conciencia, y consideré un tanto extraña la situación, ya que me mi cuerpo parecía ir apagándose lentamente, escuchaba mi respiración mas aletargada pero mi conciencia en vez de ir desvaneciéndose podía vislumbrar que llegaba a una claridad casi mística, y sentí como los pensamientos acerca de todo se disipaban, los conceptos y abstracciones mas complejas desaparecían, estaba casi solo conmigo, con el yo mas interno y personal de mi ser, lentamente todo se apagaba y la oscuridad embadurno mis vista, mientras mi mente seguía tan alerta, tanteando en la oscuridad.

sábado, febrero 18, 2006

Vestigios de lecturas casi olvidadas

La corbata me asfixiaba, el maldito aire acondicionado no funcionaba del todo bien, me preguntaba si yo era el único que estaba traspirando como un caballo, entre esto, el sueño comenzó a colarse entre mis pensamientos, mire el computador intentando trabajar, pero no podía, todo me hacia desesperar, la conversaciones estúpidas de la gente a mi alrededor, esas voces que sonaban como batallones de caballería, haciéndome huir, divagar entre elucubraciones e ideas robadas de libros olvidados, mi alma gritaba desesperado por un poco de espíritu, la maldita cotidianeidad me estaba matando, yo me preguntaba si la gente se sentía igual, yo a veces no quería conversar, no quería ni siquiera mirar a las personas, me entristecían, parecían que absorbían mi alma, me hacían morir.